viernes 13 de enero de 2012





Ayer llegué a dos conclusiones:

1.  Amo mi vida y amo vivir.
2. Amo, cada vez más, a la gente que forma parte de ella. 



Gracias a todas las personas que han formado, forman y formarán parte de ella.  No os cambiaría ni por todo el oro del mundo. Me hacéis inmensamente feliz.








martes 10 de enero de 2012

Desde el punto de vista de la fisiología, la sonrisa es una expresión facial que se produce al contraer simultáneamente diecisiete músculos, espontánea o premeditadamente. Desde el punto de vista de la etnología, la sonrisa tiene tantos significados como culturas hay en el mundo o los que le queramos atribuir: cordialidad, aprobación, satisfacción o, sencillamente, alegría.



Desde mi punto de vista, una sonrisa siempre será una batalla ganada.







                                                                                                  Hoy puede ser un gran día.



El amor es un fuego: 
arde por todas partes, 
desfigura a todo el mundo.
 Es la excusa que el mundo pone por ser tan feo.


                                                      L. Cohen

martes 22 de noviembre de 2011

El aplauso del manco


Las cucharillas rechinan arañando aire y loza, mientras el rocío martillea las ventanas incansablemente, una y otra vez. Crepita el pan, ya frío, en la tostadora. La radio obviamente no funciona y... ¡Ah! Se me había olvidado que no tengo nada para desayunar.



Inhalo el vacío, intentando alimentarme de la nada, pero obviamente no entra ni un soplo de aire: hay tan poco oxígeno en en esta ciudad y tengo las manos tan frías...



Ojalá llueva.

domingo 20 de noviembre de 2011

Éxtasis.



Era abrir la caja de Pandora de los sentidos.




"Había momentos en los que parecía que no pertenecía ya a este mundo. Era como si la ingravidez se hubiese apoderado de su cuerpo y sus pies se hubiesen despegando del suelo suavemente, flotando en una masa etérea llena de humo, confusa, en un estado absolutamente colocado. No era felicidad, ni furor, ni miedo. Estaba ciego, ciego completamente, en un estado superior, no humano. Algo raro".






Calor: un calor todopoderoso que sale de algún hueso aún desconocido. Ese calor podría quemar la habitación, carbonizarte sin más. El aire está absolutamente inflamado.






Ya no tienes el control. Obviamente te da igual. Se te vendrá a la cabeza eso, como venido de la nada. ¿Es eso? ¿Eso es eso realmente? La piensas. No tiene mucho sentido. La piensas. La piensas hasta que carbonizas la palabra.










Y de repente te quemas. Y te mueres. Y empiezas a morirte cuarenta veces al día, pero resucitas otras tantas.



Y dices:


-¿Pero qué clase de mierda es ésta?







Y te dirán:



- Cuatro letras. Anfetaminas de las buenas.





Cuatro letras... Pues no voy a negar que estoy colocado.




domingo 25 de septiembre de 2011

Asuntos pendientes.

No le haría justicia a esta bitácora haber escrito una sola palabra en los últimos meses. Su cierre no hubiese trascendido lo más mínimo en mi entorno y, sinceramente, no me extrañaría.




De hecho, se habría hecho justicia. Abandoné este blog a su suerte, como quien se cansa de un juguete, y fui llenándolo, de un tiempo para acá, de desperdicios mentales (esto es, basura). Podríamos establecer el rigor mortis al comienzo de este año. O incluso antes. Este blog no es ni la sombra de lo que fue, y eso que nunca dejó de ser uno más entre una lista infinita de blogs en todo el mundo. Pero era mío y solo mío. Y como a casi todo lo que tengo le tengo aprecio, considero que no habría sido justo seguir descuidándolo.




Pero antes de darle el tiro de gracia, me paré un par de segundos. Me acordé de una frase de mi madre que solía pronunciar cada vez que se proponía restaurar un mueble: "Quizás con un poco de pintura..." Pero ni con un poco de pintura me habría servido. No. Quiero más.




Así que qué mejor que desarmarlo y volverlo a armar. Darle un buen lavado de cara no le viene mal. Hablar de otras cosas o resucitar temas que ya estaban muertos, tampoco. Quizás, incluso, empieze a meter algo de fotografía, no lo sé.




Mentiría si dijese que me hace ilusión volver a retomar el bloggerismo, pero sí que hay cierta curiosidad en ver por qué derroteros nos llevará todo esto.




Cruzo los dedos.

jueves 16 de junio de 2011

Ser alguien.

Entraban en el BlackJack todas las noches de sábado a las tres de la mañana. Hacía poco tiempo que habían surgido como la nueva tribu urbana que quería desmarcarse de todo lo anterior y algunos jóvenes comenzaban a engrosar sus filas. Calzaban botas enormes de último modelo que habrían bastado para cruzar el Polo Sur y se enfundaban en unos pantalones sucios que en otro tiempo no habrían valido ni un centavo. Los gorros, que apenas les protegían del frío, no eran más que copias de los que llevaban los cosacos rusos . Renegaban de las camisetas ajustadas y apostaban por camisas de lana amplias, con colores apagados, de marcas que normalmente plagiaban las tendencias más vanguardistas de las pasarelas neoyorquinas.


Pero a Walter le importaba bien poco aquella decadencia y cuando tomó contacto con aquella nueva corriente adolescente, se abrazó a ella como si la hubiese estado esperando toda su vida. Representaba exactamente todo lo que un adolescente buscaba en aquellos años: una ideología como arma con la que oponerse a la sociedad adulta, una vestimenta con la que se identificaban, y unos gustos musicales que les distinguían del resto de la gente.


Pronto se autodenominaron como los moscovitas. Entraban en los locales londinenses como si fuesen semidioses caídos del cielo, abriéndose siempre paso entre la multitud y siempre con aquella actitud desafiante que les caracterizaba.

Voceaban las canciones de grupos rusos de nombres impronunciables y se comunicaban muchas veces en ruso. Habían mezclado danzas de antes con los pasos más novedosos de las pistas europeas y los bailaban con pasión mientras la multitud les miraba con respeto.


Walter estaba en el séptimo cielo. Siendo un moscovita, todos habían comenzado a llamarle de usted, le dejaban pasar delante en las colas, le hacían la pelota descaradamente y le respetaban. Notaba cómo la gente le miraba con una mezcla de sumisión y miedo. Sentía que tenía poder, todo el poder en sus manos. Y aunque hasta ahora le había ido más o menos bien, aquel poder tendría que transformarse muy pronto en una responsabilidad que no estaba listo para asumir.

lunes 13 de junio de 2011

Importunando.


Un día como hoy de hace 19 años, Sting deleitaba a miles de personas en la plaza de toros de esta ciudad en la que vivo yo. Esa misma noche, mi padre acababa de llegar de trabajar como un día cualquiera. Irían a verle y disfrutarían de un espectáculo que no se podrían permitir, al menos, hasta que el crío que esperaban alcanzase una edad.


Pero no fue así. Al llegar a casa, solo oyó decir "ya viene, ya viene". Poco después mi madre se encontraba en la parte de atrás de un Volkswagen blanco resoplando y mi padre, aún confundido y con las entradas del concierto en el bolsillo, conducía a toda prisa a la clínica.


Y al llegar y ser trasladada a la sala de partos, ocurrió lo impensable: de repente, el niño no quería salir. El médico (que resultó ser el mismo que trajo a mi padre y a mi hermana en su momento) se las vió y se las deseó para sacarlo. Así estuvo toda la noche, con anestesias, enfermera arriba y enfermera abajo, familiares que llegaban y no dejaban de preguntar... Qué noche, ¿no?


Ellos por su parte perdieron unas cuantas pesetas aquel día de junio de 1992, porque evidentemente no fueron al concierto. ¿El resultado? Doce horas en el hospital y una de las noches más complicadas y largas que recuerda mi padre.


Siempre fui torcido, para qué negarlo. Pero creo que mereció la pena. Con mis desastres y todas mis imperfeciones (que no son pocas, sí, lo sé) pero mereció la pena. De eso no me cabe la menor duda.