lunes, 24 de mayo de 2010

Incívicos.

Me encanta la gente. Da gusto. Sobre todo cuando hablan. Ese tono que destroza los tímpanos y que destroza además el idioma. Hay que ser burros. O cabras mejor dicho, pues a veces parece que en vez de llamar a personas (personas: esas cosas que tienen un mínimo de inteligencia) gritan a las cabras como aquellos pobres pastores de antes que no podían tener educación. Pobres animales. Tendemos a comparar nuestras conductas con las suyas. Y eso que ellos no tienen la culpa de ser lo que son: animales.
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A veces parece que también hay que dar ese margen a las personas. Ayer mismo, una individua le cogió por el pelo a su supuesta amiga y pretendía estampar su cabeza contra el suelo. Truenos, centellas, una letra china.... sería lo que pondrían en un bocadillo de un tebeo de Mortadelo y Filemón, porque lo más bonito que salió de su boca, fue algo así como te voy a arrancar tó lo pelos der coño. Da gusto, oye. Como nos queremos. Zorra, le decía (ya estamos otra vez con los animales, si es que pobrecicos, les meten en todos los saraos). Al parecer, lo que le había hecho era hablar mal de su amiga. Me recordó a santa Belén . Sí, a santa Belén: a santa Belén Esteban.
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Belén Esteban es una individua que se dedica a que su hija Andreíta se coma el pollo y a ir a programas como Sálvame Deluxe a insultar a todo ser existente en el mundo del corazón. Las nuevas princesas ( lah deh lah calleh, shorvo) que han surgido en España, la adoran.
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Antes, las princesas solían ser mujeres extremadamente refinadas, sabían hablar casi tan bien como un gramático de la RAE y eran elegantes como ninguna. Las princesas de la calle no son eso. El refinamiento se lo pasan por er coño. Al oír la RAE, si dicen otra cosa diferente a er qué, es que piensan que la RAE es la nueva discoteca del barrio. Tó guapo. Visten al revés, enseñando cincuenta kilos de barriga en invierno, y con calentadores de oso polar ( ¿la icología pa qué?). Ni el esparto merece que se les compare con ellas. Pero bueno, ¿que podemos esperar de un sitio en el que el mundo del corazón está formado por la fauna de Marbella y 50000 toreros? No hace falta responder.
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¿Saben qué? que las princesas de la calle, las que tienen la inteligencia de una piedra, japan, vocean, y adoran a la Esteban, no me atraen lo más mínimo. No es que me vaya el fetichismo de las Cenicientas, repipis e infantiles como ellas solas, pero al menos yo prefiero a una persona mínimamente educada y con dos dedos de frente. Igual soy raro. No zé.
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Las cosas ya están mal de por sí. Solo de imaginarme lo que puede ser esto dentro de treinta o cuarenta años... porque aunque esa gente no llegue a nada en su vida, acabarán contagiando a buena parte de los que tengan a su alrededor. Cuando esa gente sea mayor, me darán arcadas al salir a la calle.

viernes, 7 de mayo de 2010

¡No, aquí no pinches!

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Después de leer todo esto, me empezarás a conocer y puede que entiendas un montón de cosas. Puede que reacciones de dos maneras:
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1. Que me odies o que pienses que soy un engreído, además de gilipollas perdido (puede ser).
2. Que me des la razón y tengas otra opinión (cada uno...)
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Sinceramente, creo que es una de las mejores cosas que he escrito en bastante tiempo (baja modestia que sube Borja). Entendería que nadie lo leyera, es bastante largo. Se lo recomendaría a quien me conoce. Cada uno, lo que quiera. Pero aquí lo dejo:
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Peliculero, fantasioso y exagerado. Todo estos adjetivos, perfectamente aplicables a mi imperfección, me han condicionado toda la vida. Quizás por eso me he dedicado primero a las artes: el dibujo desde que supe coger un lápiz, la escritura desde que me leí todos los tebeos de periódico habidos y por haber, y la fotografía, después de que cayese en mis manos una Canon que finalmente se estropeó tras veinte largos años de vida y que espero poder sustituir en Navidades.
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Siempre fui excesivamente idealista, tanto, que creo que me estrellé unas cuantas veces. Tantos golpes morales me pasaron factura, pero creo que a la larga amortizé el precio pagado. Llevarse golpes no está mal, siempre y cuando eviten otros peores.
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Hace seis años, las cosas eran bien diferentes. Fue una época difícil. Tremendamente difícil. Decidí, por aquel entonces, romper con todo y empezar de cero. O casi desde cero, pues no puedes empezar de cero cuando apenas acabas de empezar el instituto. Tuve mis motivos para hacerlo, no lo niego. Yo al menos hice todo lo posible, todo lo que pudiese estar en las manos de un crío de doce años, para cambiar las cosas.
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Dijo Mark Twain que había tres clases de mentiras: las mentiras pequeñas, las mentiras grandes y las encuestas o estadísticas. Amén. Una vez, en clase, recuerdo que nos hicieron una encuesta sobre la personalidad. La pregunta clave fue ¿A quién le tienes que dar las gracias por lo que has conseguido? Y yo respondí que a nadie. La profesora no tardó en tildarme de egocéntrico. Y yo le digo, ¿qué coño va a saber ella? ¿ qué cojones sabe una encuesta de mí? ¿cómo va a valorarme un papel con treinta preguntas, cuyas respuestas más complejas son sí, no, no sabe/ no contesta? Un papel de esos no sirve de nada, señor mío. Porque la verdad, lo que había conseguido hasta entonces, lo conseguí sin ayuda. Sin nadie. Suena egocéntrico, sí. Pero es que es la verdad. Y yo no tengo ninguna necesidad de mentir, porque el primero en criticarme soy yo mismo. Y si no me crees, el blog es mi aval.
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Durante este tiempo, siempre pensé que mi rupturismo no me había servido para nada. Que no había cambiado nada, que todo seguía exactamente igual. Pero no era así. Si hubiese mirado hacia atrás, me habría dado cuenta de que las cosas han cambiado. Y han cambiado mucho. Quizás las cosas no son completamente perfectas. Quizás las circustancias no son plenamente perfectas. Pero tampoco están nada mal. Y no me quejo para nada, sinceramente. Este verano no voy a pisar mi casa, me voy de viaje por Europa en buena compañía y se plantea como uno de los mejores. ¿Qué más le pido yo a la vida a las puertas de los dieciocho?
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Hoy volví a ver a un fantasma de ese pasado con el que una vez decidí romper. Un fantasma al que una vez le salté los dientes y que decidió meterse en un mundo turbio que ha terminado con él. Me han dicho un montón de cosas acerca de lo que hizo desde entonces, a cada cual peor, pero no las diré porque no tengo la certeza de que sea así. Solo puedo dar mi testimonio. Desgracia es la única palabra que se me ocurre al verlo. Odio no, señores míos, porque odiar sería darle importancia. Es asco la palabra que se me viene a la cabeza. Desgracia y asco.
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Aquellos años dejaron una huella muy profunda, muy honda, que me condicionó desde entonces. Me dejó secuelas y aún hoy no he podido con ellas. Soy tremendamente desconfiado, aunque no lo parezca. Quizás demasiado. Pero el que me conoce de verdad, sabe que si tiene mi confianza, entonces lo tiene todo.
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¿Qué habría pasado si...? Nada, señores. Los caminos son infinitos, las posibilidades aún más. Lo que he aprendido a lo largo de tanto tiempo, es que hay que luchar por lo que quieres. Esto no lo digo por decir. Esto no es paja. No son frases repolludas supuestamente revolucionarias y carentes de sentido, nutridos de una buena dosis bloguera flower-power: paz, amor y porros (y textos) para todos. No. Lo digo porque realmente lo pienso y lo intento aplicar. Por cambiar las cosas sin caer en la utopía. Yo lo conseguí una vez y sinceramente no es fácil. A mí me costó años y años. Pero lo conseguí. Y si una cosa tengo clara, es que como dice una amiga mía, nunca seré menos que nadie. Somos personas únicas porque no hay otro en la historia que haya sido igual que tú. Ni lo hubo, ni lo hay, ni lo habrá. Después de tí en el planeta Tierra, al margen del más allá, solo quedarán tus huesos pudriéndose en un ataúd. Así de simple y así de crudo. ¿Entiendes la trascendencia y a la vez, la poca importancia que tenemos en este pequeño mundo de siete mil millones de almas? ¿Entiendes por qué servir, dejarse avasallar, no sirve de nada?
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La subordinación para la sintaxis oracional. A mí no va ese rollo. Algún día, acabaré afiliado a un partido.

sábado, 1 de mayo de 2010

Cosas que no entiendo.


Me he llevado una sorpresa. Tengo que admitirlo. Y no precisamente para mal. Después de todo, me he quedado pensando y me queda una pregunta en la cabeza: ¿Por qué se puede empeñar una persona en ser tan enrevesadamente complicada? Parece que tenemos que jugar a hacer puzzles mentales. Una vez tengas la pieza que falta, de pronto te darás cuenta de que todo lo que habías pensado era una completa equivocación. Más de una vez me he llevado sorpresas, tanto buenas como desagradables. ¿Cúal es la finalidad de aparentar ser de hormigón y luego descubrir que se es de porcelana?



La verdad es que ésa pregunta tiene respuesta y es muy fácil: a nadie le gusta mostrarse tal y como es. No por lo menos en determinados ambientes. A veces, hay una necesidad imperiosa (e infantil, ya por descontado) de demostrar que se es más que nosequién, que se puede hacer nosequé... ¿Para qué? ¿Por qué? ¿Es que no hemos superado esa etapa, que es más propia de un crío de cuatro años que de un mayor de edad? Pué no.




Pero ¡ay de nosotros! Todos tenemos un punto débil, un talón de Aquiles que sale a relucir en los momentos más insospechados. Cosas que jamás esperarías de alguien, cosas que sorprenden y te hacen decir " coño, estaba equivocado". Y si a esto le añadimos un para nada sugerente viaje etílico, las copas de más pueden hacernos trastocar el hígado, los riñones, los recuerdos, las amistades y hasta quince años de matrimonio. Del furor desbordante a la depresión absoluta en décimas de segundo. Las locuras, tonterías y verdades aplastantes se dejan caer en la noche. "Lo que pasa en las Vegas, se queda en las Vegas", dicen los folletos turísticos de Nevada. Y todo lo que pase esta noche se perderá en el silencio, entre las manillas de las seis y las siete de la mañana.




"Antes de que cante el gallo, me negarás tres veces". Pero no ahora, Pedrín. No ahora que por sugestión, por alcohol, por tensión o por lo que sea, cada uno pasea espejos con su reflejo en la aparente oscuridad de las calles. Porque todo es aparente esta noche. Y es que hasta el malo de la película se hace bueno en las conversaciones fugaces de la noche, convirtiéndose en una Maria Teresa de Calcuta clandestina. Ir de duro por la vida, está muy mal pagado. Y muy bien visto.




"Es que no soy yo, es el mundo quien me ha hecho así". ¿Quién es quién esta madrugada, my friend?