martes, 22 de noviembre de 2011

El aplauso del manco


Las cucharillas rechinan arañando aire y loza, mientras el rocío martillea las ventanas incansablemente, una y otra vez. Crepita el pan, ya frío, en la tostadora. La radio obviamente no funciona y... ¡Ah! Se me había olvidado que no tengo nada para desayunar.



Inhalo el vacío, intentando alimentarme de la nada, pero obviamente no entra ni un soplo de aire: hay tan poco oxígeno en en esta ciudad y tengo las manos tan frías...



Ojalá llueva.

domingo, 20 de noviembre de 2011

Éxtasis.



Era abrir la caja de Pandora de los sentidos.




"Había momentos en los que parecía que no pertenecía ya a este mundo. Era como si la ingravidez se hubiese apoderado de su cuerpo y sus pies se hubiesen despegando del suelo suavemente, flotando en una masa etérea llena de humo, confusa, en un estado absolutamente colocado. No era felicidad, ni furor, ni miedo. Estaba ciego, ciego completamente, en un estado superior, no humano. Algo raro".






Calor: un calor todopoderoso que sale de algún hueso aún desconocido. Ese calor podría quemar la habitación, carbonizarte sin más. El aire está absolutamente inflamado.






Ya no tienes el control. Obviamente te da igual. Se te vendrá a la cabeza eso, como venido de la nada. ¿Es eso? ¿Eso es eso realmente? La piensas. No tiene mucho sentido. La piensas. La piensas hasta que carbonizas la palabra.










Y de repente te quemas. Y te mueres. Y empiezas a morirte cuarenta veces al día, pero resucitas otras tantas.



Y dices:


-¿Pero qué clase de mierda es ésta?







Y te dirán:



- Cuatro letras. Anfetaminas de las buenas.





Cuatro letras... Pues no voy a negar que estoy colocado.