martes, 1 de junio de 2010

La noche decidió vivir dos veces.

Eran las dos de la mañana. Un tibio haz de luz plateado se coló entre las rendijas de las viejas maderas del embarcadero, iluminando a los enamorados de lleno. Qué poca verguenza tenía la Luna. Otra vez, la reina de la noche volvía a sorprenderles en una esquina olvidada del puerto.


Ella se quitó la cinta y el cabello volvió a quedar libre. Libre, libre de nuevo y sin ataduras, solo a merced de la voluntad del viento, mientras resbalaba por un vaporoso vestido azul.


Habían corrido por sus calles estrechas, siempre sin mirar atrás, pero parándose a cada poco. Y, casi por casualidad, llegaron al puerto. El sitio. El lugar. El mundo. Su mundo.





Las olas reventaban contra el malecón, con una fuerza inusitada, una y otra vez, mientras desmenuzaban los minutos poco a poco. Las horas volaron sobre el mar abierto, traspasando las nubes, a muchos metros sobre ellos. Las tres. Las cuatro. Las cinco. Pero el tiempo parecía haberse parado allí, allí mismo, siempre frente a ellos. Estaban empapados.


El astro rey empezó a despertarse y la Luna ya empezaba a tener sueño. Las seis. Ella, cansada ya de mirar a la pareja, bostezó ruidosamente y quiso retirarse hasta la noche siguiente. Pero ellos no le dejaron.


- ¡Eh, tú! ¡Eh, Luna! ¡No te vayas! - le suplicaron.


Y ella, más curiosa y paciente que ninguna, decidió hacerles caso. Pero nadie pareció reconocerle su esfuerzo por posponer el alba. Los ladrones aprovecharon para robar más y a la mañana siguiente ya serían ricos. los borrachos bebieron y bebieron, bebieron hasta desplomarse sobre las mesas. Hasta que supuraron alcohol por los labios. Mientras tanto los amantes, inconscientes y desagradecidos como siempre, siguieron en sus bancos. En sus bancos, sí. En sus bancos, en sus parques, en sus esquinas y rincones, perdiendo el tiempo y la ropa.


Nadie se acordó de la Luna. Solo los gatos, fieles devotos de la madrugada, maullaron en señal de agradecimiento desde algún tejado. El amanecer tendría que esperar un poco más en aquel nuevo día.

2 comentarios:

Gabrielle Dupré dijo...

Borja, que lindo nombre y que bien escribes!

Me ha llamdo la atención que te llames así, ya que a mi me dicen Borja!, quizás por mi apellido, pero me ha encantado desde siempre tu nombre ... te seguiré, me gusta mucho tu espacio, además eres muy pequeño y tienes un talento impresionante.

Borja R. dijo...

jajaj que curioso!
muchas gracias gabrielle ! :)