sábado, 26 de junio de 2010

Sensación sin título


Los que escriben como yo en un blog, seguro que saben de qué hablo. Hablo de esa sensación de querer decir mucho y no tener absolutamente nada en la mente ni en la pantalla. La cabeza (y la entrada) en blanco. Pero quieres decirlo todo, todo y más, pero no puedes. Es muy frustrante. Para mí más, porque cuando escribo muchas veces pretendo transmitir algo propio. Un trozo de realidad virgen plasmado en millones de bytes. Sin alteraciones ni contaminación subjetiva. Eso es una utopía.


La mayoría lo achaca a la falta de inventiva, pero no creo que sea así. Ni mucho menos. Hay cosas que nuestro extenso vocabulario no sabe describir y se limita a trazar ligeramente con términos imprecisos que no dicen nada. A pesar de que experimentamos con el lenguaje hasta el vómito, nunca conseguimos la perfección. No somos dioses. Hay lenguas que asignan términos a realidades y que nosotros no tenemos en nuestro idioma, pero siempre hay rincones inexplorados para el habla y nunca los encontrará por mucho que se empeñe. La realidad supera a la imaginación humana. Estoy intentando hablar de algo, pero no puedo. No puedo. No hay palabras para decirlo, realmente. Lo que me ha pasado hoy es una de esas cosas que te hace pensar, muy profundamente, sobre muchísimas cosas.
Sobre la incapacidad humana de describirlo todo, habló Patrick Suskind en su obra "El Perfume", la historia de un joven parisino que poseía un extraordinario sentido del olfato y al ser incapaz de captar la perfección de los olores femeninos, enloqueció, convirtiéndose en uno de los asesinos en serie más conocido de la literatura contemporánea.


Sin llegar a estos extremos, ni mucho menos, sé que es muy difícil que entiendan lo que quiero decir, sobre todo cuando no ven ni piensan con mi cabeza. ¿Qué se debe pensar cuando se te presenta delante el peor hueso, cuando se te clava la esquina más dura de la realidad en alguna parte del alma? No lo sé, esa es mi respuesta. Supongo que solo un auténtico escritor, un maestro de maestros de las descripciones, puede retratar casi todo. Ahí reside la calidad de lo que escribe. No es mi caso.

Dicen que la vida pone a todo el mundo a prueba y que a veces no podrás valerte por tí mismo, por eso debes rodearte de gente que pueda ayudarte en los peores momentos . Afortunadamente no la he necesitado, pero he intentado ayudar en lo que he podido a quien he querido. ¿Y esta vez? No sé si realmente puedo ayudar. No hay palabras ni genialidades. Solo un gran espacio aparentemente en blanco, pero lleno de ideas. Hoy no voy a poder dormir tranquilo.




























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