Una voz desvaída sonó al otro lado de la barra. El camarero se giró y vio al borracho hablando solo. Sam le había dicho algo, pero no supo reconocer qué.
- ¿Qué dices, Sam?
- ¡Que otra más! - gritó él, con voz gangosa.
- Ni hablar - respondió, tajantemente.
- Pedazo de capullo, ¿quién te crees que eres? ¡Mi cerveza!
Dio con el vaso en la mesa repetidamente, en un vano intento infantil de que Fred le hiciese caso. Pero el camarero, acostumbrado a los excesos y tonterías varias de su amigo, siguió ordenando los botellines al fondo del bar.
- Sois todos iguales. ¡Jodidos sureños, tendrían que mataros a palos!
- Sam, estás diciendo bobadas. ¿Por qué no te vas a casa? Duerme unas horas, te vendrá bien.
- Que te jodan.
- Lo que tú digas.
Eran ya las dos y aún no había cerrado el local. Todavía le quedaba una larga noche por delante. Suspiró profundamente, con agobio. Acababa de llegar toda la mercancía de aquel mes. A Linda le habían dado un par de días libres, después de dos semanas sin un fin de semana de descanso. Bob había llamado por la mañana, diciendo que estaba en Milwakee ocupándose de asuntos familiares. Así que allí estaba, frente a un enorme cargamento de Budweiser, solo, sin poder pedir refuerzos y con un cliente ebrio en el bar. Debía tomárselo con filosofía. Eso o agobiarse más. No le quedaba otra opción.
Repentinamente, oyó un estrépito producido por vasos y botellas al caerse en la parte delantera del local. "Sam, otra vez", se dijo así mismo. Salió corriendo del almacén.
- Sam, ¿qué cojones haces?
No le respondió, porque seguramente tampoco podía articular palabras en su estado. El borracho había aprovechado la ausencia de Fred para colocarse encima de la barra y meter la boca en el surtidor. No sin muchas dificultades, consiguió moverle de encima de la barra y colocarle en una silla próxima.
- Disculpa a este borracho, Fred. Eres un buen chico.
- Sam, por Dios, vete a casa - le recomendó el camarero, preocupado.- Llamaré a un taxi e iré contigo.
Tantas pintas parecían hacer que sus labios, ariados y enrojecidos por el frío invernal, supurasen alcohol. Sus ojos le brillaban con una intensidad etílica peculiar, emanando una mezcla de tristeza y desconcierto.
- Fred, no he conseguido ahogarlas. ¡Maldito seas, Fred! Si al menos me hubieses dado una cerveza más...
- ¿A quién vas a ahogar, Sam?
- A las penas, Fred. A las penas. Pero las muy zorras flotan.
Los ojos, que antes le brillaban de puro alcoholismo, ahora se inundaban de lágrimas.
- Yo la quería, Fred. Yo la quería. Y ni siquiera la bebida es capaz de devolvérmela.
Se le abrazó con patosidad, cayéndose literalmente encima suyo. Entre el patetismo y el drama, Fred se preguntaba en si alguna vez estaría preparado para enfrentarse a cualquier eventualidad o si, por el contrario, acabaría asustado y temblando de los pies a la cabeza en la barra de un bar como el señor Kissinger.
- Dios es un jodido egoísta, Fred. No va a soltarla ni por un segundo.
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( He vuelto para dar la vara. Otra vez, sí. Esta canción de aquí abajo fue la que me inspiró a escribir por primera vez en dos semanas. Iba a actualizar con ella en el otro blog, en el de música, en http://algoqueoir.blogspot.com/ , pero hoy no tengo mucho tiempo, que se diga. Ya le dedicaré una entrada entera, de esas que me gustan a mí.
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Por vez primera, en dos semanas o quizás más tiempo, me apetece escribir. No creo que pueda escribir todos los días, fundamentalmente por falta de tiempo. Aún ando falto de creatividad, pero bueno, tiempo al tiempo. Es un comienzo y eso por ahora me alegra.
Gracias por todos los comentarios, que siempre son una fuente de moral ;) ).
Escribir es una de las pocas cosas que me llenan de verdad. Y quizás, sea ésta la última vez que lo haga.
Nunca me ha gustado hacer las cosas para que el mundo las vea con sus ojos a simple vista. No. Es simple y no me gusta la simpleza. Me gustan las cosas complicadas. Siempre he sido complicado, de llevar la contraria. Por eso quizás quiero hacer derecho. Por eso me gustan las cosas complicadas. Las cosas que no puede ver todo el mundo a simple vista, que requieren interés. Es uno de los pilares del blog. En cada una de las cosas que he escrito a lo largo de un año de blog, suelo poner ese punto. Algo que requiera que se descifre o que por lo menos dé qué pensar. Ni siquiera se salvan las entradas de viajes, porque todas ellas hablan de impresiones y sensaciones. No sé si alguien ha sido capaz de encontrarlo. Espero que sí.
Por diferentes motivos, no tengo (ni creo que vaya a tener) tiempo para nada. Que nadie saque conclusiones precipitadas. Ayer me dí cuenta de cuántas cosas necesito hacer y cambiar. Tengo que estudiar como un loco, por ejemplo. Y otras tantas cosas de las que nunca me había dado cuenta hasta ahora. Me he propuesto algunas cosas un tanto difíciles, y espero que éstas no sean imposibles, pero requieren el cien por cien de mí mismo. No quiero quedarme por el camino. Tengo que cambiar un montón de cosas de todo tipo y eso requiere su tiempo. Paciencia, sólo pido paciencia.
No creo que nadie se esperase que fuese a dejar de escribir. Supongo que no. No es ninguna broma. Así pintan las cosas. He tenido una conversación importante, más que importante, y me he dado cuenta de que necesito centrarme, poner orden. Soy un desordenado y soy una caja de sorpresas. Lo sé. Quizás mañana vuelva a escribir, o dentro de una semana. O de un mes. No sé. Creo que lo retomaré en cuanto de verdad pueda. Desde luego, no voy a cerrarlo. Porque si acabo con este blog, entonces muere una parte de mí. Solo me tomaré un tiempo. Necesito tomarme un tiempo. Dios sabe si una hora, un día o un mes. O más. Pero volveré.
Gracias. Gracias al que le guste leerme y al que no. Al que se acabe de quedar con la boca abierta y al que no. Gracias a los que me siguen desde otras partes, a los que me siguen desde aquí mismo y en definitiva a todo aquel que al menos se haya parado a leer un momento. Gracias, en serio. Espero haberlo hecho medianamente bien. Espero volver enseguida.
Me gusta abril. Me gusta la primavera. El viento cefio y la brisa fresca. Las tímidas caricias de los primeros rayos de Sol y el sentir de las gotas de agua heladas rodando por la piel. La liberación de los abrigos y de los jerseys. Poder llevar la camisa arremangada, unas gafas de sol y pasearme un rato por la calle. El sonido de un violín en la calle Corrida, en un día soleado. La sensación reconfortante de darme un chapuzón a las once de la mañana en la piscina frente al mar, salir a la superficie y poder decir "Dios, qué delicia".
Me preocupo repentinamente, pienso en el examen del lunes pero... ¡Ah, es verdad! por una vez, he empezado el trimestre con buen pie y he sido previsor. Me vuelvo a sumergir y vuelvo a salir, ahora más tranquilo. Con los brazos completamente empapados , me apoyo en el borde de la piscina, inspiro profundamente y después dejo salir el aire lentamente. La ciudad parece más bonita. Es una sensación indescriptible. Insuperable. No necesito más ahora mismo.
Por la mañana, me he quedado ronco de tanto reírme. ¿No es genial? Debo despertar de un letargo invernal, como los osos.
Me encanta estar de buen humor. Me encanta la primavera. Me encanta abril.
He aprendido más cosas en lo moral en mi casa que en cualquier otro sitio. Al borde de los dieciocho, creo que cada vez me doy más cuenta de cuánto ha condicionado ésto.
Yo no levantaba un palmo del suelo cuando mi abuela dijo, en una ocasión, que nadie estaba por encima de nadie en esta vida. "Siempre he sido una mujer atípica. Me enamoré y me casé con un hombre veinte años mayor que yo en una época de recato. Siempre quise ser policía en una época en la que lo tradicional era que la mujer se quedase en casa a cocinar. Fui la primera mujer policía del pueblo, entre habladurías. Pero conseguí una de las cosas fundamentales: el respeto. Tu abuelo tampoco se quedó atrás en ser diferente: cocinaba de vicio, cuidaba de tu madre y de la casa. Y fuimos felices. Muy felices, a pesar de todo". Ella, de fuertes convicciones católicas, dijo una vez que las monjas del colegio siempre le habían enseñado que cada persona debe guiarse por unos principios para no perderse en la vida. "¿Qué hay sin principios? Nuestros principios son las columnas que sostienen todo". Vino a decir que sin principios, sin fundamentos que vertebren las acciones, no hay nada. Te conviertes en una cosa vacía, en uno más del redil. No se puede esperar nada, porque entonces sólo recibirás palos. Debes defender lo que crees, lo que pienses, lo que sientes. Puede que no te vaya bien. Pero al menos, tendrás la certeza de que lo has intentado. Debes guiarte por las cosas que te hacen feliz.
Al final resultó que no podía esperar nada, ni siquiera de ella. Pero al margen de la opinión general que tengo de ella (muy mala), de la relacción actual abuela-nieto (inexistente en estos momentos) y al margen de creencias (yo tengo la mía), creo que tiene una razón aplastante en ésto. Quizás estas cosas deberían enseñarlas en el colegio.
Todos necesitamos principios, estrictos o blandos, pero tener una base sobre la que poder construir. Mis principios son estos. Suenan idealistas y a drama fácil de Hollywood. Pero sólo son lo que nosotros queremos que sean. Y yo intento cumplirlos a rajatabla, siempre que puedo. Porque, ¿de qué me sirve decir esto, si después no lo cumplo? De nada. Absolutamente para nada. Bueno, sí: sólo serviría para ocupar más espacio en un blog y quedar bien con los que me leen. Decir cosas que suenen bien no sirve de nada. Hablar sin actuar, no sirve de nada.
(Quizás esté equivocado. Quizás no, quizás sí. Mis entradas son una perogrullada continua. Perdonen las molestias).
" Dejate de babayadas y de escribir, y ponte a trabajai. Yo llevo trabajando desde los catorce, guapín. Ahora taís amariconaos, lo unico que faceis ye protestar (...) Lo que tendrías que facer ye metete a furbolista, como el maricón del portugués ese (...) ¿Como ye? ¿Que no te gusta el fúrbol? ¡Cagüen Dios, tais como nenas!"
Un miembro de mi misma especie.
Si Larra llegase a vivir en pleno siglo XXI, creo que se "moriría" por pisar la calle. A veces me dan ganas de renegar de mi especie. Me encanta la cultura que tenemos en este país. Vivan los gilipollas y la madre que los parió. Olé.
Últimamente no me separo del MP3 o, en detrimento, del ordenador. No sé. De la noche a la mañana, la música se ha convertido en algo más importante de lo que ya era. No puedo estudiar sin ella. No puedo irme a dormir sin ella. No puedo pasar un segundo sin ella. Creo que tenían razón. La música es una droga.
No sé si será una droga o no, pero si es verdad que he notado sus efectos secundarios inmediatamente. Me levanta la moral. Me despeja la cabeza. Trabajo más. Sonrío más. Una buena amiga me dijo: "no te quejas nada últimamente". O "Estás mejor, Borja". Me olvido de mis cosas y me acuerdo de otras. ¡Coño, me gustan sus efectos! ¿Seré un melómano, potencialmente hablando?
Antes, escribir me servía para abstraerme durante horas y dejarme como un zombie hasta el día siguiente. Ahora, también. Pero antes solía escribir porque la inspiración venía adosada al bajón. Intentaba separar ambas; no tenía razón de ser que las dos realidades fuesen estrictamente necesarias entre sí. Me quería demostrar a mí mismo que no soy escritor de tristeza barata.
Sin embargo, en estos momentos, creo haber podido separar esos conceptos y eso lo noto. Lo conseguí hacer en el relato del concurso literario para el que me acabo de presentar. Además, me he puesto unas metas y me planteo conseguirlas. Y si no, se lucha por ello. ¿Y si no? Bueno, siempre se pueden buscar otras metas. Por ahora, habiendo conseguido esto (que para mí es un pequeño logro), me siento un poco más realizado.
¿La música es una droga? Pues creo que no del todo. Estaría en el límite entre droga y fármaco. Contribuyó a curar mi positivismo, que se creía que ser positivo era ser un mártir. Pero no curó. No. Yo creo que lo que cura es un medicamento mental, continuo y falto de utopías con las que me pudiese descalabrar. La música solo fue unas "vitaminas" para el ánimo.
Es verdad, la música no tiene efectos analgésicos perpetuos. Podría ser más que peligroso para una montaña rusa andante. Pero es que a veces, me hace falta ese pequeño empujoncito diario. Y a mí se me van los pies en cuanto suena algo en la radio. Lo juro.
Debe ser una de las pocas veces en meses que, cuando me pongo serio, no hablo de cosas graves para que.... Bueno, ahí lo dejo. Aún no he conseguido quitar esa manía mía de dejar las cosas en el aire. No está mal la incertidumbre. Y es que un huracán mental no puede con todo, señora mía.
Pasar la frontera alemana y conseguir entrar en Suiza, ya es un problema. Un gran control policial a la entrada inspeccionaba todos los vehículos, abriendo maleteros e incluso el propio equipaje a algunos turistas. Todo esto provocaba unos atascos kilométricos.
Suiza es el país de los impuestos y, consecuentemente por antonomasia, el país de los ricos. No encontrarás otro lugar en el mundo con tantos coches de gama alta, con precios tan descaradamente altos. Aquí, las monedas no tienen razón de ser. Y es que paré para tomar algo hacia las seis de la tarde y los precios... no estaban al alcance de un mortal: café pequeño, 12 euros; croissant enano, 5 euros. Creo que un americano, que se bebe medio litro de café para desayunar con sus donuts a 3 dólares, se moriría de hambre en Suiza.
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Basilea se encuentra en el inicio de la parte navegable del Rhin, que en este lugar ya es considerablemente grande. Las vistas desde el puente son increíbles en verano, desde donde se pueden ver los picos más altos del país. La ciudad destacaría por su catedral románico-gótica o por el ayuntamiento, que tiene una torre muy curiosa de ladrillo rojo.
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Entre tranvías verdes, la vida en Basilea discurre tranquilamente. No hay prisa. Aquí solo viven millonarios que no tienen que dar un palo al agua y suizos de a pie que se dedican a sus negocios de toda la vida. Las tiendas de relojes antiguos y las joyerías más prestigiosas, también están aquí. Hay mucho glamour, sí.
Suiza es un país lleno de inmigrantes. Si bien es verdad que España también recibe una cantidad importante, no tiene comparación con Suiza. La cuarta parte de la población son extranjeros. Cuando fui allí, se podían ver unos carteles en los que aparece una oveja negra a la que daban una patada y la echan del rebaño de ovejas blancas. "Pour plus de securité"("Para más seguridad"), dice el famoso cartel, que luego se haría famoso por la evidente polémica que creó. Parece ser que la xenofobia y los partidos de este tipo, resurgen aquí.
Suiza es país de turismo, de deporte de invierno... Y mundialmente conocido por los Alpes y una conservación magnífica del medio ambiente. Pero sobre todo, país de fortunas. Hay que ir bien preparado para que no te "atraquen" legalmente.
El día que conocí al señor Moreira, era un agosto de hace cuatro o cinco años (¡¿Tanto tiempo?! Pues sí, ya ves). Por aquel entonces, no le había visto en mi vida.
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Creo que fue de las primeras veces que me dejaron salir de noche, por así decirlo. Nos sentamos todos en la playa, supuestamente para oír el concierto (es el día de hoy que no sé quién tocaba aquella noche). Nos pasamos todo el tiempo tratando de tirar a Sandra al mar, pero ella salía gritando. Desde aquel momento, noté que me iría a caer bien.
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No recuerdo quién me pasó la dirección de messenger, pero el caso es que se confundió. En vez de su dirección, se confundió y me pasó otra que era "Sexoman" barrabaja no se qué. Claro, cuando vi el nombre pensé ¿pero y esto? ¿Está mal fijo no? Pero no sabía y pensé mal. Luego cuando me enteré de que estaba mal evidentemente, estuve un buen rato riéndome. El resto de la historia ya lo sabemos: este año pasado fue el año del Hat Trik, de Molinuku... Que pasará a la historia por los comentarios de los famosos "partidos" (la Generación 09 sabe de qué hablo).
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No era Sexoman. En todo caso, sería Saxoman: es un gran saxofonista que además parece tener el don de la omnipresencia (no he conocido persona que sea capaz de estar en tantas bandas a la vez). Algún día nos dirá cómo lo hace. Es músico (inventor de todo tipo de bailes, como el de "hacer la compra") filósofo ( Trece le dice filósofo urbano) y escritor (miembro destacado de la Generación '09, que no es poco). Así que Saxoman se le quedaría corto.
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En cualquier caso, por encima de todo, es una gran persona. Moreira, Borja, Borja Moreira, saxofonista, perroflauta (siempre en coña)... como quieras llamarlo, siempre está ahí y eso se valora. Por encima de todas las cosas, es una gran persona y buen amigo que hoy cumple su mayoría de edad.
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No sé felicitar de otra forma. Podría haber hecho un comentario entre cientos de Tuenti y poner un vídeo de Parchís. Pero no es mi estilo. Poco personal, creo.
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Lo sé, soy un pesado. ¿Tardo mucho en decirlo no? ¡Felicidades, tocayo!
Sí, así es. No has leído mal. He decidido crear otro blog aparte de éste. Hay ciertas cosas que no encajan en un blog literario y de viajes. En éste me dedico a la música.
- Estoy cansado de hacer de cirujano. Estoy cansado. . - Lo sé, String. . - ¡Pero yo no soy cirujano, Sõber! ¡No soy egoísta! ¡Es que me han dado el título de cirujano y el primero que necesita cirugía soy yo! . - Y de qué te tienen que operar? . - De una herida muy antigua que no ha cicatrizado, Sõber. . - Tienes miedo de que no cicatrice . . - Estoy acojonado. . - Lo sabía. . - No sé qué hacer. . - ¿Qué necesitas, String? . - Necesito cirugía. Apoyos, no empujones. Necesito que de vez en cuando, pueda sentarme. Que me curen cuando estoy enfermo. . - Hay pocos cirujanos del alma, String. . - Lo sé,Sõber. Y todos están ocupados en las almas más importantes. . - Anúncialo. . - Los doctores deberían reconocer las heridas ocultas. Pero sobretodo deberían tener ojos para ver las heridas a pecho abierto. . (Curioso el significado de las palabras extranjeras.)
¡EEEH! ¡Te llamo a tí, mira de una vez! ¿O hace falta un cartel luminoso a toda potencia para que te enteres? ¡Que vuelvas de donde estés! ¡Que hables! ¡Que no puedo permanecer al margen! Que te preguntaría las cosas directamente, pero creo que no puedo. ¡Que eres persona! ¡Que el mundo sigue girando y no se para! Que la vida son dos días para pasarse horas lamentándose. ¡Olvida! Haz las cosas de nuevo, empieza de cero.
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¡Mándalo todo a tomar por culo! No merece la pena y te lo dice un experimentado en el tema. ¡Sé feliz, lo tienes todo! Y las cosas no merecen la pena darles vueltas continuamente. ¡ Que sonrías de una vez! ¡Que digas gilipolleces! ¡ Haz estupideces! Sí, serán gilipolleces pero ¡DILAS! Sí, serán estupideces, pero ¡HAZLAS! El mundo debería oírte, a tí y a todos. ¡Tienes derecho! ¡Que sabes que te echas de menos como eras! ¡Que te echo de menos!
Y a pesar de que pongo carteles y señales luminosas por todos lados, no te enterarás. Da igual.
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Por último tengo que decir que pinches aquí. En momentos bajos, siempre me ayudó el maldito vídeo. Entenderás por qué lo digo: